Ashtanga y asanas

“Practica que todo llegará”.  Una de las más sabias frases, o tal vez la más sublime en el ámbito del Ashtanga vinyasa Yoga. No hay mejor sensación que la de practicar y sentir ese paz en savasana después de una sesión completa, después de hacer las posturas hasta donde uno sabe y puede… y se siente una gratificación que es pura y noble.

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Marichyasana C, vinyasas 7 y 12. Postura de  la primera serie de Ashtanga Vinyasa Yoga

Las preguntas van surgiendo y las oportunidades para mejorar surgen por todos lados, especialmente si se presta atención a cómo estamos realizando las posturas: la cuestión es saber entrar, saber adoptar cada postura y sentir vibrar cada diminuta parte del cuerpo durante la permanencia. Esto se debe aprender de un profesor cualificado y con paciencia: ¡qué mayor bendición puede traer la adecuada  práctica de asanas si no es consciencia total!

Ciertamente alguien puede juzgar que tal cosa es útil, y que otra es inútil, pero  los resultados son la elocuencia de los hechos, o mejor dicho de los hábitos. Cuando el Ashtanga se hace un hábito en la vida y nos preocupamos por cultivarlo honradamente  y disfrutarlo, entonces todo llega.

Escuchar comentarios en contra de la práctica yóguica de   asanas y  despreciarlo como algo superfluo, es sin duda un error…Utilizar las asanas como herramienta mercantilista  y/o “pro-ego”,  evadiendo otras prácticas que deben acompañar forzosamente las asanas también es un error: o la practica debe hacernos cada vez más conscientes o estaremos simplemente adoptando “poses”, en el sentido peyorativo de la palabra;  como quien pase toda su vida cantando mantras y siendo vegetariano pero no desarrolle más allá su sensibilidad…

Todo a su tiempo, el camino es largo, pero sigamos ocupando saludablemente el tiempo en la práctica de asanas, y disfrutando de este sublime alimento para el cuerpo y el espíritu.

Pablo Maha